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Mostrando las entradas etiquetadas como ©Siempre me roban el reloj

ADIÓS

                                      (crónica)   ADIÓS por Aníbal Ricci   Estoy sentado tomándome un café en el Paseo Drugstore. Curioso nombre para un centro comercial. Recuerdo que en Copiapó vendían remedios en las botillerías y en las farmacias expendían drogas. Algo así ocurría con este paseo que en las noches se atiborraba de traficantes. Al amanecer sólo servían café y tostadas. El punto de reunión para vender mi tercer libro del día. Con parte de ese dinero me desplazaría a la Plaza Ñuñoa y almorzaría en Las Lanzas. Si todo fluía, vendería otro libro y me tomaría una cerveza. Mi padre llama por teléfono para avisarme del funeral. De inmediato regreso a casa, me ducho y busco algo más formal. Hace años que dejé de usar corbata y plancho camisas sólo en ocasiones especiales. Viajo en colectivo al edificio de mis padres, bajamos al subterráneo y emprendemos rumbo...

HUMILDE CONSEJO

                                   (crónica)   HUMILDE CONSEJO por Aníbal Ricci Marlon. Suzuki modelo Alto. Tiempo de espera tres minutos. Patricia lo aborda en Macul esquina Quilín. La aplicación Uber no es tan confiable, aunque la tarifa será sin duda la más conveniente. Se dirige a Providencia donde tendrá la segunda sesión de kinesiología luego de salir del hospital. Utiliza bastones, pero su juventud le hace ver la situación con optimismo.   –Buenos días, señorita. –¿Cuánto demora el viaje? –contesta sin mucho interés. –Llegaremos pronto –el chofer sube el volumen al reggaetón. –¿No eres de aquí? –Hace un año partí de Venezuela.   Marlon no es precisamente Marlon Brando. Menos de uno setenta y de tez bien morena. Habla atropellado, aunque se le entiende perfectamente.   –¿Cuántos hijos tiene? –Patricia se reconoce en sus treinta y no le respond...

SIEMPRE ME ROBAN EL RELOJ

« Siempre me roban el reloj »  Mosquito Editores 2014 Esta novela comenzó a escribirse dos años atrás. Había leído algunos cuentos de Edgar Allan Poe, pero ese año devoré de un tirón sus cuentos completos en la traducción de Julio Cortázar. Decenas de relatos, escritos en un lenguaje conciso y ameno que, de tanto leerlos, fueron impregnando mis neuronas con su estilo narrativo. Al avanzar entre cientos de páginas, volvía a las historias más sorprendentes y, con el correr de los meses, concebí un cuento protagonizado por un Poe que caminaba por las calles de Santiago, en pleno siglo XXI, acaso repitiendo los mismos excesos que experimentó durante el siglo XIX, sucesos de drogas y alcohol, con la consiguiente pérdida de salud y dinero. Ocho años antes, asistía al taller de Roberto Rivera, que dictaba en una sala de clases del pre-universitario Pedro de Valdivia. A pasos de Plaza Italia, los integrantes fuimos conociendo mejor aquel sector, mucho antes de que el Barr...

Cuento de película

© Aníbal Ricci A las cinco de la tarde me inscribo en un nuevo curso. Es una técnica oriental que acompaña mis pasos. Las dudas iniciales se han ido diluyendo en la práctica. Se piensa que ser espiritual es meditar el día entero, pero creo que tiene que ver con la vida diaria, con las decisiones que afectan al entorno. No para sacar provecho de ellas, sino para estar en armonía y encontrar un lugar en el mundo. El resultado de los actos irá descubriendo la senda correcta. La disciplina permite acceder a otras fuentes de información; nuevos puntos de vista, antes impensados, mostrarán el orden natural de las cosas. Escribo los días que siento importante dejar un registro. El resto lo dedico a ver películas y juntarme con los amigos. El cine es una fuente de información que permite viajar por otras mentes, a distintos lugares en diferentes momentos. El pasado y el futuro son el paisaje habitual de esas imaginaciones colectivas. Puedo disfrutarlas aquí y ahora en un presente de do...

Libros

Recordé el sueño antes de despertar. Mi madre hablaba un lenguaje extraño en el que sólo tenían sentido los alimentos. En vez de palabras cariñosas, ofrecía diversos platos de comida. Mi señora me había echado de la casa, por ebrio, por no llegar a dormir luego de una reunión de amigos. Hace tiempo dispongo de fondos para una vida tranquila, aportando lo justo y necesario al hogar. Una decisión arbitraria, pero fue mi decisión escribir, no sólo novelas y cuentos, sino una mejor biografía de mi propia existencia, una con mayor trascendencia, donde el día a día no fuera traducible en dinero, sino en hechos concretos, en objetos inestimables como los libros que, palabra tras palabra, van creando un mundo propio, uno del cual ya no puedes renunciar. Un edificio de pisos coherente que, pese a todos los esfuerzos destructivos, vuelven a dar energía para levantarse y tomar una taza de café, consciente de que los errores del pasado hay que reinterpretarlos, para tener un sentido mayor que...