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Mostrando las entradas etiquetadas como ©El pasado nunca termina de ocurrir

Paris, Texas

© Aníbal Ricci Travis me interrumpe mientras pido una cerveza. No se cansa de contar sus aventuras por el desierto. Llegué en bus a la cita, parece peligroso manejar por Plaza Italia. Me revienta el chiste donde se conocieron sus padres. Estoy sentado en un bar, hablando de libros junto a Gonzalo e Igor. A Travis no le gusta leer y sigue las líneas del tren. Antes no hablaba con nadie y ahora me habla todo el tiempo. No es un sujeto sociable, pero sus amigos están siempre atentos a lo que dice. Me da consejos para reconquistar a mi mujer. No sé cómo se ha enterado de Magdalena, quizás sus amigos han estado investigando. Es impertinente de su parte, yo no le ando contando cuentos a la gente que conozco en la calle. Sus amigos ríen, espero no sea de mí. Me explica que se queda mudo cada vez que pasa un tren. No veo ninguno y sus amigos han congelado sus risas. Somos siete en la mesa, pero sólo hay tres schops. Igor está preocupado por unos papeles que le ha dejado su madre ante...

Mente sin recuerdos

© Aníbal Ricci Disparo al mostrador y pulverizo los cristales. Los medicamentos caen al suelo y el farmacéutico entiende que la cosa va en serio. No recuerdo el nombre de la mujer. Las luces estallan y sus manos se aferran al respaldo. Empujo con fuerza y embisto la oscuridad. Una furia incontenible empalma sus carnes. No puedo dormir, intento masturbarme, pero mi herramienta no responde. Los recuerdos son demasiado vívidos. Reparto la mercadería entre mis cabros e introduzco la punta del cuchillo en el envoltorio blanco. El placer hace estirar mi cuello hacia atrás. Despierto en el hospital con la sensación de una mala resaca. Atado a la cama no puedo recordar. Las imágenes se suceden sin sentido. Mis soldados debieron haber vuelto con el dinero, pero no estoy en la guarida, sino gritando en medio de la farmacia. ¿De quién será este fierro? Salgo corriendo detrás de unos muchachos. Necesito respuestas, pero huyo por instinto. El sudor me tiene caliente. No veo su cara, pero ...

Terciopelo azul

© Aníbal Ricci             Nunca supe la verdadera razón del fin de lo nuestro. Sospechaba algo, pero no estaba seguro. Había pasado un año y una especie de obsesión me perseguía. Simplemente quería conversar y curarme la rabia que llevaba dentro. La ocasión para visitarla fue su cumpleaños. Se sorprendió al verme, pero se tranquilizó al entender que mi intención era pacífica. Andaba con pantalones de cotelé y su clásica polera a rayas. Se veía más angelical de lo que recordaba, con su pelo rubio cayendo sobre sus hombros. Estuvimos conversando un rato y de inmediato descubrí que no le guardaba rencor. La causa de la ruptura ya no era importante. Ni siquiera hablamos del tema. Sólo me dediqué a pasarlo bien, compartiendo con el resto de los invitados. Elegí un rincón y me fijé en las amigas de Anita. Una de ellas se llamaba Antonia, pelo oscuro no muy largo y tez blanca como la festejada. Cuando las vi juntas noté que eran ...