Dirigida por Darius Marder © Aníbal Ricci Este guion se preocupa de cada detalle, es un casete en la era de los CDs, ningún rango de sonido se pierde en esta película analógica. No es que se vea bien o que suene bien, el montaje de hecho es muy pulcro, pero el conjunto será muy bien ecualizado. Diálogos importantes cuando no muchos (las palabras que el baterista le dedica a su pareja en casa del padre son un buen ejemplo), contrapicados que no apuntan a los personajes, sino a la copa de los árboles, a las nubes que se desplazan con el lenguaje del silencio. Imágenes que manifiestan su propio sonido, una realidad que siempre estuvo al alcance, esperando que el espíritu logre apreciarlo. Detalles sensibles se despliegan en esta película que avanza sin prisas, que le dan cuerpo a una trama no menos importante. Hay simpleza en los acontecimientos, serán tropiezos, pero fluyen como una respiración. Actuaciones impecables, donde se distingue...
Literatura y cine