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El gran Lebowski (1998)

Dirigida por Joel Coen

©Aníbal Ricci

El guion de los hermanos Coen tiene una musicalidad exquisita, muy de acuerdo a la banda sonora, pero sobre todo emparentada con el temperamento de Dude (interpretación genial de Jeff Bridges). Si fuiste de los afortunados en verla en una sala de cine, te habrás dado cuenta de que la atmósfera de la película es tan relajada como su protagonista, de imágenes muy bien logradas, que hay que saber disfrutar al ritmo de un disco de 33 rpm.




Los diálogos están llenos de estupideces que se deslizan en cámara lenta, recurso utilizado en la escena memorable en que Jesús Quintana (John Turturro) hace un largo ceremonial antes y después de su lanzamiento de bolo.




La cinta es una sátira de la sociedad estadounidense, a la vez que esconde significados que se podrían catalogar de profundos. Cuando se observa a los jugadores concentrados en su propia línea, supone una simplificación de la vida en dicha sociedad. Cada uno ocupado de hacer lo que le compete, como si la existencia se resumiera a un simple juego, donde no es necesario inmiscuirse en la vida del que está al lado.




Dude es un vago, desempleado, un tipo que lee la nota de rescate al ritmo de una tortuga y al que lo único que parece importarle es una mugrosa alfombra, para seguir descansando, y es que «el que nada hace, nada teme», sería la filosofía de Dude dicha en buen chileno.




Si lo vemos de manera optimista, vale mucho dedicarse a pocas cosas (jugar bolos y beber rusos) para que seas prácticamente el dueño del mundo. Quizás suene mediocre, pero jugando bolos puedes progresar y los problemas se reducirán a hacer bien ese ejercicio.




Cada vez que Dude sueña o queda aturdido, sus pensamientos elementales nos hacen regresar a la infancia. Podríamos decir que la vida del Dude es hasta más feliz que la del millonario que lo contrata para encontrar a su hija.



Mención aparte para los otros dos personajes principales, cada uno en su propia línea (de vida o de juego), totalmente indiferente al discurso que puedan tener los otros. Walter (John Goodman) se cree judío y no hace nada los sábados, pero por sobre todo es un retardado mental que reduce y relaciona todo con la guerra de Vietnam, donde combatió y que lejos de traumarlo, le confirió una particular forma de ver las cosas, que se traduce en su verdad, conversando con Dude, pareciendo que jamás se pondrán de acuerdo en ningún aspecto. La escena que lo define en plenitud es cuando saca una pistola porque alguien ha vulnerado las sagradas reglas del bowling.


Donny (Steve Buscemi) es un sujeto quitado de bulla, con un complejo de inferioridad a cuestas, que por lo general se incorpora en medio de las conversaciones, y al cual invariablemente hace callar Walter.



Ninguno reacciona de acuerdo a lo que le dice el otro, una especie de analfabetos auditivos, que van por la vida completando diálogos verdaderamente absurdos, que sólo podrían tener cabida en la mente despreocupada de Dude.


La escena de la funeraria y la posterior arrojada de cenizas al mar resumen la idiotez, pero también la profunda amistad que une a los amigos. A fin de cuentas, si te relajas, disfrutarás de esta vida como cualquier pecador.












Trailer THE BIG LEBOWSKI

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