ARCANO
por Aníbal Ricci
Nunca es tarde para construir algo y encontrar con quien
compartirlo. No importa lo que haya sucedido en el pasado ni todas las malas
decisiones a cuestas. Siempre es posible volver a mentir e inventar un nuevo artilugio.
Sólo requieres de imaginación y una taza de café. En algún punto del futuro
podrás controlar al monstruo e inventar un nuevo cuento de hadas. La
imaginación proviene de lo más profundo del ser, tiene un único dueño y el
secreto es que puedes compartirla. Una mujer parece la depositaria perfecta,
una lectora de Tarot que interpreta cartas y da sentido a la comunión. La
imaginación se deposita en los libros, primero debes aprender a leer y luego
podrás acceder a otros mundos. Compartir el mundo es un placer extraordinario.
Mirar al horizonte y darse cuenta de la curvatura. Abrazados y disfrutando de
los cuerpos, el mundo se detiene y destinas tiempo a explicar la trayectoria.
Primero la explica el escritor y luego la lectora o al revés, explicar lo que
has comprendido tras esa taza de café. Los enamorados, ese arcano mayor que
explica la unión, esa decisión lúcida a la que llegamos tras la reflexión. El
punto de equilibrio entre el deseo y el amor, dejamos de lado la lujuria porque
nos interesa lo trascendente y para ello basta la palabra o ese beso que
interpreta. Morir es una ciencia, otro arcano que da sentido a este viaje con
el otro. Desde el nacimiento empezamos a morir o empezamos a vivir mientras nos
acercamos a la muerte. Creo que me gustaría morir con gracia, como mi gato
McLeod. Un gato de seis kilos que colapsó por un problema renal. Apenas pesaba
tres cuando experimentó el último impulso eléctrico y brincó sobre mi cama. Su
vida se congeló en ese salto lleno de gracia. Qué genial será disfrutar de
muchos atardeceres y conversar en una terraza, un lugar para contar verdades y
mentiras, son tan entretenidas las que se inventan, esas que no han sucedido,
pero explican tu falta de criterio. Mejor una buena historia para hacer
transcurrir el tiempo. La verdad es relativa y a veces un ejercicio inútil.
Obvio que sería magnífico morir rodeado de cariño. Frente a quien contaste
historias, sin abrir la boca, pero que intuyó cuáles eran las verdaderas y no
formuló reproche. Reconoció lo verdadero a través de las mentiras. El silencio
no es más que una omisión de la verdad. Uno aprende a compartir silencios con
esa persona que admiras, por su sabiduría, porque supo perdonar cuando era
necesario. Antes fue el ermitaño el que se abría paso por parajes oscuros,
buscando esa luz a veces tan esquiva. Será necesaria la introspección para
evaluar el camino recorrido, entenderse uno mismo antes que emprender un viaje
juntos. La soledad del colgado porque para enfrentar el futuro lo que requieres
es tiempo. Resulta cómodo esperar que las cosas se arreglen por sí mismas; hay
que saber reconocer cuando nuestras competencias no van a solucionar el
problema. Tener paciencia y esperar el mejor momento para actuar. La rueda de
la fortuna y sus ciclos darán una nueva oportunidad. Hay un momento de auge
propicio para tomar riesgos y la vejez supondrá la decadencia del cuerpo.
Afrontar con sabiduría este cambio en las condiciones, ser más eficiente con
menor esfuerzo. Evitar correr en una rueda de hámster como cuando éramos niños.
En el crepúsculo habrá que domesticar la mente, controlar el carro por sobre
las pasiones y el instinto. Cuando fuerzas incontrolables dobleguen la voluntad
habrá que redoblar fuerzas y hallar respuestas al acertijo. Hay que huir de la
catástrofe y evitar la destrucción de los cimientos. Levantar puentes levadizos
para volver a encontrar nuestra fortaleza. Deseo trascender a través de las
palabras, pero el diablo me tienta a cada instante. La lujuria, la degradación
aniquilan mi ego y el diablo me promete riquezas materiales. Pérdida de tiempo
es el resultado de su influjo, cuando en realidad debo acceder a la hora del
lobo, ser creativo y sortear todos los obstáculos. Momento de seguir la buena
estrella, tener esperanza y fe, la energía necesaria para resucitar como el ave
fénix. Encontrar mi paz interior y abrazar la armonía. El juicio invertido
extravió mi consciencia y deje de aprender de mis errores. La esquizofrenia
todo lo vuelve caos y el colgado me ha enseñado a esperar la justicia. Escribo
incansable para que las ideas caóticas encuentren una salida. He terminado un
nuevo libro y por justicia divina puedo disfrutar de aquel logro. El período
oscuro habrá valido la pena al registrar la caída a lo más profundo del abismo.
Escribo como loco en estas noches de luna llena, enfrento mis miedos e
inseguridades. La intuición hace rescatar lo oculto en mi inconsciente. La hora
del lobo sublima mi lado oscuro, le doy un cauce a lo diáfano en presencia del
sol que ilumina mis pasos, me saca de los inviernos de la mente cuando nada
parece tener sentido. El sol será el antídoto contra la depresión que avisa la
llegada de un nuevo período confuso. Es calor, es saber que tu vida no va a
estar congelada por largos meses. La carta que más me gusta es el loco, el
héroe solitario que trasmuta las malas decisiones, le dan un aspecto
constructivo, saca a relucir los diamantes que se esconden dentro del carbón.
Todo tiene una explicación entre los arcanos mayores. Muchos nos vamos
torciendo con el pasar de los años, creemos que las decisiones fueron las
peores y que ya no hay vuelta atrás, pero… la vida es un juego a sostener entre
las fuerzas del bien y el mal. Un pensamiento moral será deseable para que los
actos sean más puros, pero la vida dará muchas vueltas y conocer todas las
curvas una ilusión. Siempre abrigar la esperanza, atreverse a jugar el juego de
dados, vencer al caos con entereza. Me encuentro viajando por
el tren subterráneo. Percibo emociones de otros pasajeros con la mirada
perdida. El carro no transporta personas sino un cúmulo de decisiones en horas
y lugares equivocados. El aire denso entra en mis pulmones y la energía fluye a
través del sistema nervioso. Es un reflejo automático que envuelve todo el
vagón en una espiral. Todo sería más placentero si estas personas pudieran
acceder a la mejor versión de sí mismas. El sufrimiento parece innecesario y al
lado viaja una mujer con un libro. No sólo adquiere conocimientos, sino que su
rostro refleja sabiduría. Me conduce a la misma habitación y disfruto de su
desnudez. Los labios se funden en un ritual desquiciador. Entramos en un túnel
y los tubos fluorescentes son el único vestigio que ilumina ese paso obsesivo,
casi esquizofrénico, por conquistar los secretos que me recuerdan a la María
Iribarne de Sábato.
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