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Entradas

Paris, Texas

© Aníbal Ricci Travis me interrumpe mientras pido una cerveza. No se cansa de contar sus aventuras por el desierto. Llegué en bus a la cita, parece peligroso manejar por Plaza Italia. Me revienta el chiste donde se conocieron sus padres. Estoy sentado en un bar, hablando de libros junto a Gonzalo e Igor. A Travis no le gusta leer y sigue las líneas del tren. Antes no hablaba con nadie y ahora me habla todo el tiempo. No es un sujeto sociable, pero sus amigos están siempre atentos a lo que dice. Me da consejos para reconquistar a mi mujer. No sé cómo se ha enterado de Magdalena, quizás sus amigos han estado investigando. Es impertinente de su parte, yo no le ando contando cuentos a la gente que conozco en la calle. Sus amigos ríen, espero no sea de mí. Me explica que se queda mudo cada vez que pasa un tren. No veo ninguno y sus amigos han congelado sus risas. Somos siete en la mesa, pero sólo hay tres schops. Igor está preocupado por unos papeles que le ha dejado su madre ante...

Laura (1944)

Dirigida por Otto Preminger © Aníbal Ricci «Su encanto conquistó a todos… los hombres la admiraban… las mujeres la envidiaban», le confidencia Waldo Lydecker al teniente Mark McPherson, detective que lleva el caso del brutal asesinato de Laura Hunt, cuyo rostro fue desfigurado por dos tiros de escopeta. La narración comienza con la voz en off de Waldo, dando cuenta del contenido de su columna de sociedad. Claramente él es uno de los sospechosos, se lo hace saber McPherson mientras acompaña a Waldo al restorán donde ellos solían acudir. En medio de elegantes travellings , siguiendo el punto de vista de Lydecker, el director nos lleva al pasado a través de un largo flash-back , contándonos cómo conoció a Laura y cómo le fue sugiriendo que cambiara su peinado y vestimenta hasta transformarla en una mujer distinguida. Lydecker es un sujeto debilucho, muy presumido, deja traslucir ciertos rasgos de homosexualidad. Laura era su objeto de adoración, los travellings envol...

Mente sin recuerdos

© Aníbal Ricci Disparo al mostrador y pulverizo los cristales. Los medicamentos caen al suelo y el farmacéutico entiende que la cosa va en serio. No recuerdo el nombre de la mujer. Las luces estallan y sus manos se aferran al respaldo. Empujo con fuerza y embisto la oscuridad. Una furia incontenible empalma sus carnes. No puedo dormir, intento masturbarme, pero mi herramienta no responde. Los recuerdos son demasiado vívidos. Reparto la mercadería entre mis cabros e introduzco la punta del cuchillo en el envoltorio blanco. El placer hace estirar mi cuello hacia atrás. Despierto en el hospital con la sensación de una mala resaca. Atado a la cama no puedo recordar. Las imágenes se suceden sin sentido. Mis soldados debieron haber vuelto con el dinero, pero no estoy en la guarida, sino gritando en medio de la farmacia. ¿De quién será este fierro? Salgo corriendo detrás de unos muchachos. Necesito respuestas, pero huyo por instinto. El sudor me tiene caliente. No veo su cara, pero ...